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Apagón

marzo 2, 2014 - Reflexiones

Pero ya estaba decidido. Sólo esperaba anhelante la provocación para legitimar mi represalia. Al primer berrido que oí aquella tarde de futbol televisivo, tomé la copia que me había hecho de la llave del cuarto de contadores y le quité la luz. Después cerré deprisa y sin hacer ruido, atravesé el largo pasillo para refugiarme en casa. Aplastando la oreja a la puerta, esperaba oír a mi vecino saliendo a ver qué había ocurrido. El corazón me latía junto a los tímpanos.

Lo que oí fue su televisor. ¿Cómo era eso posible? Si seoía su televisor era que…  ¡Yo era un imbécil! ¡Evidentemente me había equivocado de contador! Faltaba saber a quién había dejado a oscuras.

 

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