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El prejuicio nacionalista, enfermedad social.

junio 20, 2014 - Reflexiones
El prejuicio nacionalista, enfermedad social.

Los prejuicios, como los virus, todos los transmitimos, todos cargamos con montones de ellos, pero son dañinos para nosotros mismos y para los demás. Todos los prejuicios causan sufrimiento y muertes. Los prejuicios sexistas, los clasistas, los racistas, los religiosos, los prejuicios xenófobos… Pero ningún prejuicio causa mas sufrimiento y más muertes que los prejuicios nacionalistas, porque a su vez incluyen prejuicios clasistas, racistas, religiosos, xenófobos, etc..

El nacionalismo se disfraza de ideología pero es una simple emoción irracional disfrazada de racionalidad. Se tiene por virtud de amor a la tierra cuando es ignorancia, soberbia, simpleza, y elemental sentido gregario como el de las manadas de monos. Se tiñe de defensa de lo propio cuando siempre esconde los intereses del cacique de turno que lidera la manada, ya sea  claramente o en la sombra. La gente cree autoafirmarse al radicalizarse pero son prejuicios fomentados por el poder y por tanto, implican perdida de identidad personal a favor del grupo.

Toda nación es un colectivo de personas que comparten los prejuicios que fomenta el poder. De no ser eso una nación, no es nada. Sin prejuicios no hay nación ni nacionalismo. El prejuicio nacionalista te hace sentir superior o aspirar a merecerlo algún día confiando en ideas simplemente estúpidas como estas: nosotros somos así. Los de fuera son asá. Uno bueno de aquí es de tal forma. El que no es así o no es de aquí o no merece serlo. A nosotros nos gusta esto… Estos enunciados ya sonaban majaderos en el siglo pasado. Creer que nacer en un sitio te hace poseer determinadas virtudes o defectos, o merecer algo, es completamente naif y demuestra superstición e ignorancia.

Todo nacionalismo acaba siempre en conflicto y en alguna forma de guerra. Y todas las guerras son trágicas y casi todas las guerras demuestran ser a corto o medio plazo tragedias inútiles. El nacionalismo es una ideología propicia para niñatos y bisabuelas, porque son los grupos de lágrima más facilona cuando se agita un banderín. Pero si alcanza al conjunto de la sociedad quiere decir que hay una enfermedad colectiva y la catástrofe se aproxima.

A veces se habla de la “cuestión nacional” de tal o cual territorio. Pero no habría tal cuestión si todos los ciudadanos tuvieran una posición unánime. Por ejemplo, si hay cuestión nacional en Cataluña es porque ni los separatistas ni los españolistas ostentan una mayoría aplastante. Sin embargo, los separatistas presentan la cuestión como un problema entre Cataluña y España y no como lo que en realidad es: un problema entre catalanes. Los nacionalistas ignoran continuamente la existencia de los que no lo son, se arrogan con el patrimonio de su nacionalidad y obvian la lengua más hablada, pese a las coacciones y las políticas educativas contrarias. Es sangrante que muchos entienden que parte de la población son “inmigrantes de segunda y tercera generación”. ¿Cuántas generaciones necesita un descendiente de un inmigrante para que un separatista lo considere como un ciudadano de primera categoría más? Sin embargo, en el ambiente coactivo del separatismo, muchos inmigrantes se protegen convirtiéndose en el tonto útil del separatismo.

Sus argumentos siempre tergiversan la realidad. Si pides prudencia te dicen que promueves el argumento del miedo. Si les acusas de nacionalistas dicen que tú fomentas el nacionalismo contrario o que eres un enemigo del país. Si tratas de aguantarles, dicen que nadie tiene problemas con ellos. Si te quejas, estás creando confrontación, te pones contra tu país.

Se suele señalar la “transversalidad”, o el “interclasismo” de tal o cuál nacionalismo. Falso. El nacionalismo siempre es de clases, que actúan como marionetas del poder y los listillos, las élites, junto a los políticos, se aprovechan. Clases medias contra las bajas. Clases bajas contra la inmigración… Es otro tipo de populismo.

El nacionalismo es obsesivo y discriminatorio. Se viste de victima pero es muy agresivo. Habla mucho de la cultura propia pero es pura incultura, una enfermedad anti intelectual que afecta a todos los humanos desde el principio de los tiempos, el instinto de la tribu desatado y mal racionalizado. Es atávico y visceral. Peligroso y ridículo. Rebusca en la historia para ir contra la historia. Habla de progreso y va contra el progreso. El nacionalismo en paz nos limita, nos vuelve palurdos con prejuicios. En realidad el nacionalismo puede estar en paz… hasta que deja de estarlo.

El nacionalismo toma lo que no le conceden por inaceptable demostración del despotismo ajeno, sin reparar nunca en el propio y las aproximaciones y concesiones del oponente cree que son debilidades. No acepta la idea de no tener la razón, y tira por tierra todo intento de acercamiento y por eso vemos que las comunidades con nacionalistas no valoran lo alcanzado durante décadas. Son como el horizonte, navegas en esa dirección y él se aleja. Aceptar y reconocer las mejoras creen que les deslegitimaría. El nacionalista se cree rebelde y es el más manipulado y manipulador. Busca independencia sin ser capaz de pensar de modo individual e independiente. Su objetivo final es exaltarse y confundirse con la chusma, con su chusma favorita, y alcanzar así un clímax de adrenalina, banderitas, y cantos, como ocurre en los  estadios y las manifestaciones. De ese clímax adictivo, de ese orgasmo de exaltación patriótica, un lidercillo y sus amigos robarán ( ¿cuándo no es así?) un dinero que no les pertenece, extrayéndolo precisamente del bolsillo de los enardecidos, que les aclaman como idiotas.

La catástrofe se avecina, lo repito, y me dirán que es el argumento del miedo.

Hasta que ya no tenga remedio. Tenemos que parar esto.

 

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