Menu

HAY UNA COSA QUE TE QUIERO DECIR O EL MECHERO DEL PECADO

diciembre 12, 2014 - Relatos

BORRADOR FRAGMENTO (pasarlo a Adelita)
-¿Tienes frío?
-No te pongas paternal conmigo- contesto ella.

Le respondía de malas maneras, porque estaba decidida a resistir, al menos aquel día y en aquel momento, a los obvios deseos de él de besarla. Estaban ambos de pié, junto al muro de aquel viejo colegio, aunque ella apoyada en la pared con su espalda y uno de sus zapatos. Él la miraba y le gustaba todo lo que veía. La forma de cada ceja, la arrugita que hacía en su frente al aspirar su cigarrillo, los bucles de su pelo castaño oscuro, su piel morena, sus ojos, que eran lo peor que había para su casi perdido autocontrol, la rodilla que asomaba bajo su falda un poco corta, sobre todo para apoyar el tacón en el muro…

-Adelita, presiento que lo que me tienes que decir no es nada bueno. Más que nada porque no estás demasiado simpática.
-Y tú estás demasiado bobo.
-¿Yo?
-“Adelita, presiento… Adelita presiento…” -le respondió con un remedo como explicación.
-Ay, es verdad, que ya no quieres que te llame Adelita. No eres ninguna niña.
-¡Pues no!-dijo ella malhumoradamente. Y le miró a los ojos como si lo que tuviera que decirle tuviera relación precisamente con lo de que ya no era una niña.
-Bueno, pues Adela…
Adela dio otra calada a su cigarrillo.
-¿Tienes uno para mí? -pidió él de un modo que sonó demasiado implorante -Ah, no,no, déjalo, que no te quedan más que tres…
-Toma, da igual.
-No, mujer que te quedarás sin tabaco y…
-¡Que te he dicho que me da igual! -cortó ella levantando la voz.
Pepe tomó el pitillo. Estaba asustado. Y empequeñecido. Tenía la sensación de que en ese momento Adela estaba apunto de decirle que no quería seguir saliendo con él. Durante los últimos tres días no había logrado ni hablar con ella por teléfono. Iba a dejarle. Seguramente había estado viendo a otro chico. Pepé pensaba que no podría soportarlo, era imposible asumir eso. Sin embargo, ahí mismo estaba ella a punto de confesarlo quizás. La miró. El gesto de ella seguía pareciendo muy duro. Una señora mayor con gafas sonrió al verles y les dijo:
-Qué jóvenes tan agradables. Tienen una bronquita de enamorados…
Entonces ellos se quedaron mirándose sin saber que decir.
-¿Me das fuego? -imploró Pepe.
Muy seria, ella rebuscó en su bolso y sacó un encendedor barato de plástico, de esos no recargables. Ella fue a acercarle la llama pero él le dijo.
-¿A ver? Déjamelo. -lo miró y le preguntó- ¿Y el que te regalé yo?
-En casa.
-¿Y este? ¿De dónde lo has sacado?
-De la tienda. De dónde va a ser.
Él calló, y le volvió a preguntar.
-¿Te lo compraste ayer?
-Esta mañana.
-Pues para haberlo comprado esta mañana le queda muy poco gas.
Entonces ella dirigió sus ojos castaños hacia otro lado y aspiró de nuevo su tabaco negro. Él tomó ese gesto como una evidencia y ya no le preguntó sino que afirmó:
-Ese mechero es de otro tío, ¿verdad? Has estado con el dueño de esa mierda de mechero estos últimos tres días – ella seguía mirando hacia otro lado sin decir nada -. Adela, por favor… ¡Dios!¡Cómo has podido hacerme esto!

Ella bajó la cabeza, tiró el cigarrillo al suelo y separó el zapato del muro para apagar la colilla con el pie. Después se subió las solapas de su abrigo azul oscuro y siguió mirando al suelo. El siguió hablando, necesitaba entenderlo, saber cómo había pasado eso. era su novia desde los 12 años, iban a casarse…
-¿Lo conozco yo?
Ella apretó los labios y le dijo apenada:
-No lo sé.
Era la confirmación de que había estado con otro. Pegó un puñetazo contra el muro del colegio.
-¡Dime quién es! ¡Quién es ese tío! ¡Venga, dímelo!
-Ella saco otro cigarro y mientras se lo encendía con el mechero del pecado le dijo.
-Se llama Enrique.
-¿De qué le conoces?
-De los Desafíos Literarios que organiza desde facebook. Siempre me había atraído y quedé con él creyendo que quería saber más sobre el esperado Desafío Literario 22. Y era verdad, pero al contarme todo lo concerniente a este concurso literario (que hasta va a tener premio), mientras me lo explicaba, me dejó fascinada, fui perdiendo poco a poco la cabeza… y al final… ¡perdí todo lo demás!
-¿Todo??? -pregunto Pepe alarmado.
-Todo,Pepe hasta lo que te tenía guardado solo para ti, para dártelo algún día.
-Adela, no sabes cómo me siento…
-Sí, sí que sé como te sientes, y me duele que sea por mí culpa, por que con lo que me quieres no te mereces lo que te he hecho y
-No, mujer, que no sabes cómo me siento a escribir y no paro hasta que puedo presentarme a cada Desafío LIterario. Son apasionantes los desafíos esos. Todos los concursantes son magníficos. Nunca me los salto. ¿Por qué no le preguntas qué le parece lo que escribo yo?
-Ya se lo pregunté. Y me dijo que eras un cretino.
-Bueno, ya…
-¿Te lo habías creído todo?
-Al principio sí. Pero luego no, porque has dicho que tiene premio y no suelen tener premio los Desafiós LIterarios de Taller de Relatos.
-Pues va a ser que sí.
-Nooo, no te creo. Anda, ven aquí, pocholita que te agarre yo, qué susto me has dado…. Aunque, una cosa: ¿quién te ha pintado las iniciales E.B. con bolígrafo detrás de la oreja?
-Vete a saber.. ¡Anda ven, Pepito, hijo!
-Adelita, que cacho pendón que me has salido, hija…
-Si me ayudas a escribir un relato para el desafío 22 te lo perdonaré todo, Pepitito mío…

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: