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La isla de las dunas y tú.

marzo 2, 2014 - Reflexiones

Una mujer que valía la pena y parecía que se me escapaba sin motivo. Mares preciosos, acantilados, dunas solitarias, carreteras legendarias… Pero yo estaba decidido a no sublimar. No obstante, cierto atontamiento me fue inevitable, lo que me hizo comportarme de un modo más estúpido de lo ya de por sí característico en mí: vi de pronto una duna altísima que parecía un muro de arena vertical y no se me ocurrió otra cosa que querer subirla con mi Jeep de alquiler. Giré mi coche para tomar distancia y aceleré levantando una enorme nube detrás de mí. El motor iba a tope y al llegar a la subida manejé el cambio de marchas. Creí que me quedaba clavado en la arena, pero no, me engaño. el coche empezó a subir un metro tras otro pero efectivamente se puso casi vertical hasta que llegó un punto en el que el cuatro por cuatro no podía más y estaba a punto de parase , lo que supondría caer hacia atrás dando volteretas. No sé que hice con la palanca de cambio, pero el coche casi se detuvo cuando de pronto siguió subiendo la pared de arena y milagrosamente alcancé la cima.

Cuando llegué, paré el coche, pero no el corazón que latía muy fuerte por el susto. El cigarro apagado que llevaba en la boca estaba partido y mi lengua muy seca. Me fumé el medio cigarro allí mismo, oteé el horizonte, pero luego invertí mucho tiempo y precauciones en volver a bajar el coche de la duna. Las piernas me temblaban. A partir de ese momento, no es que te olvidase, pero bajé a la urbanización con el objetivo urgente de empezar a relacionarme con otros humanos de la isla.

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