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LA POLICIA NO ES TONTA

enero 4, 2015 - Reflexiones
A las siete en punto llegó el policía. Tenía la cara huesuda y la barriga grande, casi prenatal. Me preguntó si yo era el gracioso. Al parecer era un policía sumamente susceptible y algo de lo que le había dicho por teléfono le había dolido. Ya le dije yo que no había que molestarse tanto, puesto que a mí me parecía muy importante la labor de los policías, y que gracias al papeleo seguramente ingrato se lograban registrar crímenes y delitos diversos. ¡Si no, allí quedarían los crímenes, sin registrar, fíjese!

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