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La vuelta al cole

septiembre 12, 2014 - Mis autorretratos

La vuelta al colegio es dura para mí. Es cierto que ya no estoy en edad escolar, lo reconozco, pero mis hijos sí. ¿Y cuál es el problema? Que todas las mamás lo saben todo. Lo controlan todo. Están en los detalles. Yo llevo a mi hijo pequeño y solo sé cómo se llama él.

vuelta_al_colePor el camino al cole, en el coche, le pregunto:
-Entonces hijo, ¿qué curso vamos a empezar?
-Jo, Papá.
-¿Y a qué clase vas?
-No te enteras de nada Papi. Con razón dice Mamá que no escuchas. Voy a la de Inés.
-¿Eres muy amigo de esa niña?
-¡Que no, papá, que no te enteras! Que no es ninguna niña, que es la profesora. Me ha tocado la clase de Ia seño Inés.
-Hijo, como comprenderás, yo no conozco a todas las profesoras de tu colegio.
-Pero si es la misma del año pasado, Papá. Te reuniste con ella cuatro veces para hacer seguimiento de mi curso. Y me e dijiste que te caía muy bien.
-Ya… Es que no me acordaba. ¿Se llamaba Inés? Eso es lo que se me había olvidado. Inés. .. Me cae muy bien esa profesora.

Miro por el retrovisor y veo a mi hijo que levanta los ojos al cielo como pidiendo al Niño Jesús que lo arme de paciencia.

Llegoamos al patio del cole y me aturden los niños que se saludan efusivamente el primer día de clase. El patio está más lleno que nunca de niños, mamás y papás. Saludo a una mamá que me comenta que este año les cambian la agenda y que qué me parece a mí. Le digo que no tengo una opinión formada sobre ese tema y me mira con mucha atención para saber si le tomo el pelo, o soy un tarado. Le preguntaré a mi mujer, le digo, que ella sabrá más que yo sobre el tema.

Se me acerca el padre de un amigo de mi hijo y me dice:
-Tienes aspecto de moverte por aquí como un pez en el agua… -se burla- ¿Qué tal el verano?
Y mi chaval me dice adiós muy sonriente con la mano y se pierde en el barullo de niños, engullido por un remolino compuestp por cabezas infantiles en vez de agua. Se me va. Su padre es un despistado pero nota que se quieren mucho. Me extrañaría que todos los padres quisieran como yo. Y también que no lo hicieran me sorprendería. Todo me extraña. Todo es en cierto modo extraño.

-¿Me estás escuchando lo que te digo de la agenda del crío? – el otro papá me saca del ensimismamiento – Te veo un poco dormido.
-¡Ah! A ver. Perdona. Dime. Qué es eso de la puta agenda.

Mientras pienso en él, no me centro en ocuparme de él.

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