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Mi viaje a Inglaterra. 1.

octubre 14, 2015 - Mi viaje a Inglaterra, Relatos
Mi viaje a Inglaterra. 1.

Pues yo soy agente secreto. Siempre que lo cuento me contestan lo mismo. ¡Pero hombre, no lo digas! ¿si no, cómo vas a ser secreto?

Ya, bueno, es que lo de ser agente secreto, por un lado, es una tocada de narices. Si no lo dices, porque no lo dices, si lo dices, pues eso… Uno puede inventarse una profesión, pero no para todos los días, porque fingir continuamente es muy difícil. Durante un tiempo yo empecé a decir que era afilador. Lo primero que se me ocurrió. Podía haber dicho que era fontanero, pero no.

Tengo que decir que de afilador se liga más que de agente secreto. Muchas mujeres casadas me decían que fuera a verles a su casa, pero luego no molaba. Me salían las señoras cargadas de hierros: ¿no te importará estos cuchillos que se me han quedado sin filo, querido… ? Y yo les decía: lo siento, María Luisa, pero es que no me gusta mezclar la vida privada y el placer con los negocios. Y te voy a poner un ejemplo. ¿Si te estropease yo esas tijeras? ¿Cómo afectaría el incidente a nuestra relación? Pero entonces me abrían la puerta de la calle y se llevaban la chatarra a la cocina y  y ya no les veía más el pelo. Solo era por el interés te quiero Andrés.

Otra hubo que me pidió un día que le enseñase mi pito de afilador y se me tiró a buscármelo en los bolsillos. Ahí me pilló preparado, porque tenía unas de esas de caña que llevan siempre los bolivianos y peruanos que van al parque a cantar “El condor pasa”. Pero nada. en cuanto la saqué… empecé a soplar por un agujero y por otro… Se me fue la buena mujer, desesperada.

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“Don NIcanor tocando el tambor”

Digo, esto del afilador no me funciona. Se lo comenté a mis amigos del barrio, sobre todo a Manolo, que es un tío que sabe lo suyo. Se ha montado un negocio de en la plaza de venta de Don NIcanor tocando el tambor. Y está encantado el hombre. Todo el día soplando el culo al Nicanor para que la gente vea el funcionamiento del producto. Una “demo”, dice él. Cada vez que le veo me habla de sus stocks, de sus márgenes, y sus cosas. Cuando llegué estaba precisamente despachando unos
Nicanores a una señora rubia que hablaba en idiomas con su niño rubio.Cada vez que vende algo a alguna señora que madrid-plaza-mayor-20-728no habla en español me dice: no sabes, Andrés, lo que me están creciendo las exportaciones. Hay días que más del sesenta por ciento y más del setenta también. ¡Y no sabes el potencial que hay! ¡Pero vamos, no por eso descuido el mercado nacional! Digo: pues yo con lo de ser agente secreto, la cosa me marcha despacio. Y lo de decir que soy afilador, me va fatal. Me dice Manolo, pues pivota. Le digo ¿qué? Claro, Andresillo. Hoy día lo único constante es el cambio. Nada permanece, ya lo dijo Platón. Antes no había internet, por ejemplo. Ahora sí. Entonces… ¿Qué tienes que hacer? Pues pivotar, esta claro. ¡Macho, es que si no pivotas, a ver qué quieres! La verdad es que hablar con un amigo emprendedor tiene la cosa de que te inspira un güevo.

La siguiente profesión falsa que me inventé fue la de alfarero. Manolo, que anda ya un poco sordete, me dice, pero Andrés, ¿qué faros ves tú en Madrid? Le digo, no, Manolo, estás teniente perdido. Digo alfarero, de los que hacen macetas. Y me dice, ¿ahora que no se ponen balcones? El mercado de macetas estará en declive. Piénsatelo bien. Le digo: no, que es de mentira.Y le dio el punto. Dice, conmigo no se juega. Aquí no vengas con mentiras. Quita de aquí, que me estás espantando el público. Se puso como se puso. Y digo, anda y que te den.

Hay días que no me entiende ni Dios.

Casi cada día iba probando qué tal me iba mintiendo con distintas profesiones. Pero luego era un lío, porque a la vendedora de lotería le dije que era jardinero, al carnicero de mi madre, que era botones de ascensor, a un excompañero del colegio, le conté que era armador griego, a una chica que me gustaba le conté que era cabo de aviación, a un amigo de mi hermana le conté que era crupier, pero luego no le supe decir dónde… , en la verdulería, acompañando a mi máma, dije que estaba preprando unas oposiciones de socorrista, y va mi madre y allí mismo me suelta una sardineta en el cogote, en el estanco conté que estaba en la política, y otro día que estudiaba acordeón. ¡No sé! ¡Será que no sé pivotar bien! Al final no sabía que había dicho a cada uno. Todo por no decir la verdad: ¡que yo soy agente secreto, y ya está!. Lo mío son los asuntos internacionales, Salvar al país de algún peligroso terrorista o del ataque de alguna potencia enemiga.

Así que ahora no solo no lo oculto, sino que, como soy autónomo, pues para que me salgan casos me anuncio. Me he hecho tarjetas, sin nombre ni nada, claro, porque es secreto,. y pongo: ¿su Gobierno necesita un agente secreto? Lláme a este número o venga a verme a mi oficina (razón: portería) y dé cinco toques en la puerta.

La oficina la tengo en casa, Como mi padre es conserje, pues es cómodo, a pie de calle. Un día llamó uno dando los cinco golpes y salí corriendo pensando que sería algún asunto de lo mío… Pero era un vecino para saber si íbamos a llevarnos las basuras, que ya era hora..
Abro y digo: entre rápido, que nos van a descubrir.

¡Bueno! ¡Cómo me puso!  Y cuanto más le decía yo que es que tenía una profesión que no se podía decir, peor. Estuvieron a punto de echar a mis padres de la portería en la siguiente reunión de la comunidad de vecinos.images (57)

Dice la “máma”: hijo mío, ya con los años que tienes deberías salir de casa. ¿Por qué no te vas a Inglaterra de una vez, que allí parece que habrá más movimiento para lo de los agentes esos, que a mí me parece que aquí está todo muy parado, con la crisis que hay? Y le digo, máma, es que no sé inglés. Y me dice, da igual. Tú hijo mío, lo que tienes que hacer es no decir nada, para que no te descubran. Pero llévate los guantes. Mira, ya te los he cogido yo y te los he metido en el bolsillo del abrigo. Y estate atento, no vaya a ser que los pierdas.Que por allí hará mucho frío. Y la abuela apostilló: ¡claro, niño! ¡El extranjero no es España! ¡Que eso ya lo sé yo, abuela! ¡Que no soy tonto!

Me dio mi padre un sobre con dinero y me regaló su bufanda. La pena, que no me diera la nueva suya, o lavada, por lo del aliento ese suyo, mezcla de tabaco y pastillas de menta, y mientras me enseñaba a ponérmela bien,  le dijo a la máma que me hiciera un café bien cargado para antes de irme por esos países. El hombre me encajó bien el abrigo en los hombros dando un tirón aquí y otro allá, y me dijo: ¡Tira!

¡Espera Pápa! ¡Un momento! Y me subí las solapas hasta las orejas. Y en un momento en que nadie miraba hacia la conserjería, salí con el mayor sigilo, para que nadie me descubriera, y me lancé al mundo. Así. Sin volver la vista a atrás…

¡Desde luego, mira que soy!

¡Y eso!

Pues nada. ¡Que ya os contaré!

 

 

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