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¿Os hablo de mí?

enero 9, 2014 - Mis autorretratos

Qué contaros que me podáis creer. Veréis: nunca me miro en el espejo, ni al rasurarme ni para nada. Trato de no simpatizar demasiado con el tío que se refleja en el cristal. Desconfío de la clase de amistades que uno puede llegar a entablar consigo mismo. Un medio bohemio como yo es también medio espartano para compensar. Humilde, más de lo normal, pero puedo parecer pedante porque hablo cándidamente de todo lo que me pone contento. Os presento al cíclope de las manos pequeñas. Soy el último idiota que queda. El hombre de los zapatos grandes que compone sinfonías perfectas que sólo interpreta silbando. Un león, triste y flaco, perdido en las arenas del desierto, que resiste al hambre y a la soledad. Un ave migratoria que se separó de la bandada y perdió su ruta. Soy un blanco fácil y me matan con frecuencia. Debes reconocer en mí tu oportunidad perdida y la mía. Tu segunda oportunidad y la mía.

Te habla además el más importante filósofo del siglo XX, ése que tenía que haber existido y que tanto se echó de menos, precisamente era yo. Soy un puedo y no quiero. Peor: un quiero y dos no quiero. Moderado pero no ambiguo. No me parezco a ti, ni para ser cerrado ni para ser abierto.

Puedo subir cualquier cuesta impulsado por el dedo gordo del pié, pero carezco de una voluntad en proporción a mi peso y mi fuerza. Hay en mí aparentes rasgos de seductor pero soy inocente palomo. Romántico y hasta enamoradizo, impulsivo, familiar y también golfo en algún lugar de mi conciencia. Gentil y agradable como un muchacho. Bueno como un niño. Y más aún: benévolo como un abuelo. Un hombre de análisis certeros y vida equivocada. Muy parecido a un hombre de bien. Circunspecto pero asequible al mismo tiempo. De intereses graves y trascendentales, pero todo me importa lo que un higo. Mi adolescencia fue una enfermedad mal curada y cronificada. 

No parece fácil explicarme, pero quien me ve lo comprende. Los que me conocen no encuentran aquí nada que no supieran ya antes de leer estas líneas.  Soy el más inocente y sincero. Si alguna vez me guardo una carta en la manga es solo por cautivarla a ella con el atractivo de los misterios.

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