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Nacionclasismo (respuesta a un ferviente adorador del derecho a la secesión)

septiembre 30, 2014 - Nazi-onanismo, Reflexiones

Cuando alguien quiere distinguirse de otros nunca es por sentirse inferior. Siempre es por sentirse superior. Por tanto, el nacionalismo siempre implica un cierto clasismo, siempre conlleva un desprecio o menosprecio de los supuestamente diferentes. Es por lo tanto, para mí, moralmente repulsivo, retrógrado, e impropio de gente realmente avanzada, informada y culta, aunque paradójicamente el nacionalista piensa siempre que los patanes son los otros y lo ve ¡clarísimo!. Ejemplo: la señora Ferrusola. Ignorante absoluta, seguro que más ignorante que su servicio, ha educado a sus hijos para el nacionalismo (¿además de para la delincuencia organizada, quizás, a la vista de las noticias? Digo quizás, no sea que al final me detengan a mí antes que a ella, que es como pasan las cosas con nuestra “Justicia”)

Oiga, esto de los de aquí somos así, los de allá no lo son y además son unos vagos… es impresentable. ¿Y lo queremos presentar como el progreso? Es de señorona de pueblo de las de los años 50. No de las de hoy día. Pero… Los prejuicios son malos de por sí, son algo a combatir. Son mezquinos. ¡Son de mala educación!

Respecto al derecho a votar o llamémosle (voy a caer en la ordinariez) derecho a cagarla, simplemente por principios, me cansa argumentar sobre algo tan teológico. Hay mucha gente que cree que la muerte asistida, el aborto a los 16 años, la paga mínima universal, fumar, ir a los toros, el derecho de los animales a ser respetados, etc. son derechos evidentes. Y para otros no lo son. Indignarse en democracia por que alguien no crea lo mismo que yo es una actitud estúpida. Unos creen que Cataluña tiene derecho a una consulta (consulta que nace con la intención de ser una trampa, aunque más bien naif). Otros dicen que de momento esto contradice la Constitución, lo cual puede cambiarse, pero eso lleva su tiempo. ¿Y? Se trata de ver si se logra una birria de mayoría y sobre todo lograr el precedente jurídico. ¿Y? Todo esto me parece que, lejos de ser una película de Espartaco contra Roma, es una chapuza mediocre, como sin duda lo son sus patrocinadores.  Para empezar la desinformación es tan grande en Cataluña que la comparación de las portadas de los periódicos cada día según sean subvencionados por la Generalitat o no, son como de parodia. Llevo dos días tratando de encontrar la noticia que llega de Liechtenstein sobre las cuentas de Mas con los Pujoles en ese país. ¡No encuentro esta noticia en La Vanguardia! Qué manera de ponerse en evidencia (y en ridículo) ¿Tiene derecho Cataluña a saberlo? ¿No? ¡Qué vergüenza! No hablemos de TV3. En fin: 30 años de propaganda obsesiva han dado frutos. Hoy se sabe con más profundidad sobre Cataluña si vives fuera de Cataluña.¿De qué democracia hablamos? ¿De qué Parlament? ¿De qué clanes? ¿De qué pandillas?

¿Y las presiones sociales? Donde hay solo un nacionalistas ya hay vecinos amedrentados. Ya sé que usted dirá que no… A esto y a todo. Seguro que yo no tendré razón en nada. Y además el tolerante será usted y yo seré un fascista. Mire, yo comprendo que la neurociencia afirma que decidimos el 85% de las cosas emocional, visceralmente, y quizás un 15% de modo racional. Le comprendo a usted y a todos los que se emocionan cuando se mueve una bandera (o incluso un banderín de su equipo de fútbol). Tenemos un instinto de grupo que nos aflora sin que podamos evitarlo. Hasta el punto de que muchos catalanes han decidido no valorar nada todo lo conseguido en solo 30 años de democracia española. ¿Le sorprende que me parezca una insensatez? ¿De verdad? Pues yo creo que es una gran insensatez, no lo dudo.

Yo respeto el derecho a votar y por consiguiente a cagarla o no. Lo cierto es que el problema no es con Madrid, ni con España ni con la Constitución. Lo sería si el 90% de los catalanes fuera separatista. Eso sería imparable. Sucede que no es así. El problema es ante todo de Cataluña con Cataluña. Cataluña sabemos que está dividida por la mitad más o menos. Y en estas circunstancias el maximalismo del derecho a votar sobre posibles soluciones radicales me parece una gamberrada política gigante de unos catalanes demasiado impacientes contra otros demasiado pacientes y amedrentados. Porque estas cosas se plantean cuando se sabe que la mayoría es aplastante. Y se sabe que no hay tal mayoría aplastante. Con razón los dos “libertadores” de CiU y ERC (vaya faros para Occidente) tienen aspecto de joteros de los que ya no quedan, más que de tipos profesionales urbanos de la Barcelona del siglo XXI. Si un político no tiene un proyecto común para todos los tipos de catalanes, simplemente estorba, no puede solucionar, sino agrandar el problema. No hay en Cataluña un proyecto  para todos los catalanes. Deberían dimitir la mayoría. Pero especialmente aquellos que en una comunidad bilingüe tienen el propósito, admitido o no, de acabar con el bilingüismo. Cosa que… ¡Hace falta ser asno!

Y sin embargo, con estos planteamientos tan maximalistas, elementales y cerrados… ¿Por qué queda guay que usted exprese su opinión y no queda bien que yo exprese la mía? ¿A dónde les llevará este ambientillo que ha creado el nacionalismo tan racional,moderno y tolerante (espero que note que es una ironía) de acoquinamiento de lo español? Me temo que por desgracia es cierto que hay que tener cuidado con lo que se desea, no sea que se cumpla. ¿FreedomCatalonia? ¡Menuda freedom!

Una nación es un colectivo que comparte un conjunto de prejuicios fomentados por el poder.Esa es mi visión del tema. ¿Un país más pequeño? Prejuicios más estrechos y cerrados. Claramente el estado de los USA difunde más la lucha contra los prejuicios que Austria, Suiza, Holanda y ese tipo de países pequeños con racismo, soterrado o explícito, pero en ascenso.

Por último quiero justificar a todos los catalanes silenciosos. La posibilidad de que un nacionalista haga una sola concesión en un razonamiento en contra… existirá, seguramente existirá, yo no digo que no. Pero yo no la he vivido nunca. Por tanto, para qué discutir. Hablan desde su superioridad inventada de su nación inventada y al final siempre te pueden decir eso de “yo en tu caso me iría de Cataluña”. Porque creen que Cataluña solo es de ellos y tú estás de prestado. Perdone, pero yo estoy en favor de que todos seamos iguales. Quiero que todas las familias de Cataluña se sientan catalanas, y sin tener que repintarse de otro modo de ser. Integrarse no es ser como quieren los demás. Es encontrarse cómodo siendo uno mismo. Y efectivamente, esa igualdad en Cataluña, solo la defiende la democracia española. La igualdad en Cataluña, es perseguida por el clasismo y el nacionalismo, que es sin saberlo, anticatalán. Es el nacionclasismo. Después de todo, un patán nacido en su pueblo, si vive en él, puede sentirse “integrado”, menos marginado, y hacer de menos a un ingeniero nuclear que venga de otro parte. Ahí está la mitad del “encanto” del nacionalismo. Lo que pasa es que cuando las manifestaciones acaban (esa especie de congresos eucarísticos callejeros llenos de esteladas), las banderolas se enrollan y a medida que la gente regresa a sus casas, la realidad vuelve. Y cada cuál comienza a  ser, después del climax, tras el orgasmo colectivo, ni más ni menos que lo mismo que era antes de la manifestación. El espejismo desaparece. No se tienen virtudes ni defectos por haber nacido o vivido en ningún sitio. Eso es una superstición, como la de ser simpático por haber nacido en agosto, o trabajador si eres tauro. Es lo mismo. Una supersticón. Y además un prejuicio. Dañino, como todos no, dañino como el que más. Ningún prejuicio causa tantos desastres como el nacionalismo. Y todos tan inútiles.

Pido disculpas por mi estilo contundente y por no aceptar la verdad revelada (que rima demasiado con pujolada)rotulos-en-espanol

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