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Trataba a Dios de tú

marzo 2, 2014 - Reflexiones

Caminé con mirada sombría y manos en los bolsillos, dispuesto a extraviarme en Malasaña con el pitillo pegado al labio inferior, junto a la comisura izquierda. Pero, a pesar de lo mucho que dicen de uno unas gafas en estos días de profunda personalidad, noté que entre que se mojan de lluvia, que se empañan, que el humo de la colilla… Prescindí de ellas y del Ducados. Y ya puestos, levanté la cabeza y estiré mi encorvada espalda de hombre que ha vivido demasiado y me dije que debía cambiar esa ridícula actitud de cantante de jazz, porque ya era mayorcito y debía limpiarme las gafas y tener personalidad, máxime cuando ni siquiera lograba mantener el cigarrillo en la boca y evitar al mismo tiempo que el humo me irritase los ojos, hombre, que los llevaba llenos de lágrimas. Y entre los mocos, las lágrimas y el humo… Ya digo. Y así seguí con un gesto duro en el mentón y la boca, destilando por la nariz, entrando de vez en cuando en algún bar a echar el güisqui y seguir caminando solitario y algo “tocao” bajo una noche llorosa y suave

 

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